En tu tiempo de necesidad, dejas todo y sin mirar atrás, te despiertas del sueño profundo en donde solías estar, mientras la fría noche de la tarde se somete a un momento repleto en calma.
Observas el lugar en donde te encuentras, la noche es más oscura al amanecer y sin saber porqué, esta no lo es, parece mucho más clara de lo que se podría pensar, y solo te quedas ahí, de pie, y sigues esperando, mientras a lo lejos sientes el murmullo incesante de la calma. Lo sabes, puedes sentirlo, está ahí, está así, abrazando tu ser hasta reconfortarlo por completo; observas el cielo que te contempla, suelen haber menos estrellas de las que recuerdas, añoras tu hogar y lo que dejaste atrás, mientras la imagen única de esa luna que tanto amas ilumina tu espacio de encuentro, entrando por el lugar y brindando una extraña especie de calidez interna, está helando, pero no necesitas más que eso, entrar en ese estado de tranquilidad infinita, al tiempo que los murmullos se oyen cada vez con menos fuerza, y entonces, lo entiendes, la soledad, no otra cosa, más que la soledad..



